En este día de Canadá, me pregunto: ¿Cómo usted inculca un amor del país en sus niños que no es patriotismo de memoria del mano-sobre-corazón? ¿Cómo usted les ayuda para entenderlos está viviendo en un paraíso de ventajas y de la belleza? ¿O hacer que quieren a, como adultos, hacen buenos ciudadanos y dan detrás a su país?
Usted comienza caminando afuera.
Maria Pipher americano psicólogo y autor (el abrigo de uno a) dice que como adultos tendemos a recordar tres cosas sobre nuestra niñez: las comidas, las vacaciones y el tiempo especiales pasaron al aire libre. Ella aconseja a familias que quieren permanecer intactas y sanas conseguir afuera juntas, si estén para una caminata, una comida campestre o un viaje que acampa.
Es también la mejor manera inculcar en cabritos un amor de su país.
Cuando pienso en cómo experimentamos Canadá con nuestros niños - ahora crecidos y de hacer su propia cosa - cierto desarrollo indeleble y nostálgico de las escenas en mi mente como una narración de un viaje bien nacida.
Allí era eso glorioso ballena-mirando excursión en bahía de Fundy, frío asoleado día en que cabrito, demasiado obstinado haber escuchado nosotros sobre traer la ropa caliente, terminada encima de entrar abajo en el asimiento y de pedir - hediondo, dijeron - los sombreros de lana viejos y los suéteres, finalmente calentando como contuvimos nuestra respiración y esperados la vista de una ballena.
Cuando una ballena derecha magnífica estalló fuera del agua, la vista limpió hacia fuera cualquier carapace del serenidad que lo habían construido y que habían substituido cuidadosamente por temor puro. Cuenta una para Canadá.
Había, despeja a través del país, ese viaje por carretera a Tofino, A.C., donde vimos un oso negro al lado del lado del camino en medio de los troncos de árbol antiguos y anduvimos de puntillas alrededor de los montones de la alga marina y de las cáscaras en una playa deshabitada. Estábamos en el borde lejano de Canadá, un lugar salvaje, pero habíamos terminado de alguna manera para arriba en un motel torpe de la carretera, prestando un carácter caseoso de la parada de carro al viaje entero, a pesar de la belleza natural. Los cabritos la amaron. Anotar otro para Canadá.
Ha habido dos cabañas - un alquiler en Haliburton, Ontario., donde por muchos veranos casi tomamos para las puestas del sol gloriosas concedidas sobre el lago y los bribones que llamaban el uno al otro. Una noche aventurera condujimos kilómetros al aullido del lobo del parque del Algonquin, donde los centenares de adultos y de exterior de pie los niños sus coches parqueados y escuchado atento como chillones humanos del lobo intentaron sacar el auténtico. Por supuesto juramos oímos esos lobos, apenas como más de 126.000 otras personas han jurado que tienen desde los años 60. Según el Web site del parque, desde 1990 ha habido un índice de éxito del 88 por ciento de lobos de la audiencia de la gente. Es decir cierre no perfecto, sino bonito del darn. ¿Cómo el canadiense es ése?
Y finalmente, el paraíso de la familia extensa - una cabina de registro en el Laurentians en el más pequeño de los lagos en donde nuestros niños pasaron la parte de cada verano con los primos, tías y tíos y abuelos, entrando la pequeña ciudad local en donde tuvieron que practicar su francés y donde aprendieron como lo que poutine verdadero probado. Todavía sienten un sentimiento de pertenencia a este lugar que nunca se descolore.
Éstos son momentos canadienses al aire libre esterlinas de nuestra familia, countervailed pues cada pozo de la familia sabe por los horribles, por ejemplo el viaje que acampaba de tres días de Temagami en Ontario durante el cual nadie parecía hablar una palabra civil a través de la lluvia, y un día de fiesta en Vancouver durante la cual los cabritos, a mi disgusto, pensaron sentarse adentro en un día magnífico mirando el día libre de Ferris Bueller eran una actividad perfecta de la costa oeste
Hemos levantado a dos diversos cabritos - uno quién es no regenerado urbano y el otro que balancea su vida del estudiante de la ciudad con la necesidad profunda de trabajar encima del norte cada verano.
Nunca he oído de mis niños para profesar cualquier amor abierto del país o para expresar cómo siente a ellos para ser canadiense.
Pero he oído cada uno de ellos relais a mí en detalle minucioso sus memorias de estas experiencias al aire libre. Cuando lo hacen, realizo que están hablando un tipo particular de taquigrafía patriótica para ser una parte de Canadá y amarla.
Este país es tan extenso y tan hermoso que tengo pesares profundos sobre lo que no les demostramos, restringido por esos interludios, campamento de verano de la cabaña y por nuestros propios desafíos e imaginaciones.
No demostramos les (o a nosotros mismos para esa materia) Terranova, y ni unos ni otros de nuestros cabritos han visto una pradera colocar o las maravillas de Banff o del lago Louise de Alberta.
Con todo como el tiempo funcionó naturalmente hacia fuera en las excursiones del verano de la niñez, llegué a la conclusión que quizá la manera muy mejor de inculcar un amor de Canadá en sus niños es dejarlos con sus memorias de la niñez y la convicción y la curiosidad que hay tanto más a ver.
Ahora es todo hasta ellas.
