“Los resultados se deben verificar en grupos más grandes de pacientes, pero sugieren que puede ser que mejoremos supervivencia en algunos casos del hígado-cáncer agregando detrás esos microRNAs como droga,” dicen a investigador principal Thomas D. Schmittgen, profesor adjunto de la farmacia e investigador con el centro comprensivo del cáncer del estado de Ohio.
Pero esa posibilidad requerirá años de laboratorio adicional y la investigación preclínica, Schmittgen dice.
El cáncer de hígado, o el carcinoma hepatocelular, es el tercero la mayoría de la causa común de la muerte del cáncer por todo el mundo, matando a unas 662.000 personas en 2005, según la Organización Mundial de la Salud. La enfermedad es más común en hombres y es causada generalmente por la infección de la hepatitis o la cirrosis del hígado.
Para este estudio, Schmittgen y sus colaboradores examinaron especímenes a partir de 43 tumores del hígado, 28 cuyo fueron apareados con el tejido próximo del nontumor, y especímenes a partir de seis hígados normales. Dos tercios de los hígados cancerosos también tenían hepatitis y cirrosis.
Los investigadores examinaron los niveles de 196 diversos microRNAs en células del hígado-cáncer contra las células noncancer próximas, y en células de hígado con hepatitis y cirrosis contra las células sanas.
Ambas comparaciones demostraron diferencias interesantes en niveles del microRNA, pero el encontrar más importante vino cuando los investigadores buscaron una correlación entre los niveles del microRNA de la cáncer-célula y los tiempos de supervivencia sanos en 25 pacientes para quienes los datos sanos de la supervivencia estaban disponibles.
El análisis demostró que los pacientes con supervivencia pobre tenían generalmente niveles inferiores de 19 microRNAs particulares que hizo los pacientes con una supervivencia perceptiblemente mejor.
“Ésta puede también ser una buena pista en cuanto a la cual los microRNAs son los más importantes de cáncer de hígado,” Schmittgen dice.
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La financiación del Instituto Nacional del Cáncer, de la fundación de la familia de Richard M. Schulze y de las millas y del centro de Shirley Fiterman para las enfermedades digestivas en la clínica de Mayo apoyó esta investigación. |